Comienza una nueva era de turismo en Venecia

En poco tiempo se han instaurando en Venecia dos importantes cambios que tendrán su mayor impacto en los turistas: se ha prohibido la entrada de cruceros y se tendrá que pagar tasa turística.

«No grandi navi»

Este pasado mes de agosto, el gobierno italiano prohibió definitivamente la entrada de grandes cruceros a la ciudad de Venecia. Ahora ya no podrán pasar por el Canal de la Giudecca por delante de la plaza de San Marcos o compartir el espacio con las góndolas. El decreto fue en respuesta a una demanda de los habitantes en ánimo de proteger el singular patrimonio cultural y ambiental de Venecia.

La fama de esta ciudad-museo patrimonio de la humanidad, hogar de únicamente 50 mil residentes, se estima que impulsaba un registro de 20 a 30 millones de visitantes anuales. Así, cierto es que para Venecia el turismo siempre ha sido una fuente de ingresos muy importante, pero a estas alturas para sus habitantes este hecho no es tan vital como la preservación de su bella ciudad y sus delicados cimientos milenarios. Las pancartas de los manifestantes lo decían claramente, «No grandi navi»: no a los barcos grandes.

Venecia se levanta sobre un archipiélago de 118 pequeñas islas en una laguna del mar Adriático. Según activistas medioambientales, las enormes olas que generan estos cruceros gigantes van rompiendo poco a poco los ya frágiles cimientos de Venecia y causan graves daños en el ecosistema de la laguna. Por ello, según las autoridades locales, proteger el «patrimonio artístico, cultural y ambiental de Venecia» será a partir de ahora la prioridad de la ciudad.

Los cruceros prohibidos son los que superen las 40 mil toneladas —descritos por el ministro de cultura de Italia, Dario Franceschini, como «de cientos de metros de largo y tan altos como edificios de apartamentos»—. Estos tendrán que encontrar otro lugar en el que atracar que no sea en el centro histórico de la ciudad, pues según el pueblo, lo están dañando. Algunas soluciones pasan por que los barcos atraquen en alguna zona cerca de la ciudad, pero fuera de la zona más frágil del puerto, como en Marguera, una localidad del municipio de Venecia situada en tierra firme. También se está planteando la posibilidad de construir una terminal fuera de la zona de riesgo en la laguna.

Entrar a Venecia tiene un precio

El gobierno local ha dado otro paso más en la misma dirección de proteger el patrimonio cultural de la ciudad. Ha decidido que, dentro de un año, a partir del verano de 2022, los turistas, lleguen por donde lleguen, deberán pagar una tarifa para visitar Venecia. Parece ser que los precios variarán según la temporada y el número de turistas, pero estarán entre 3 y 10 euros.

Se entrará al centro histórico de la ciudad por medio de torniquetes automáticos y con un tíquet, pero solo las personas que vayan a pasar el día en la ciudad. Un detalle importante es que las personas que tengan reservada una estancia en un hotel local no tendrán que pagar nada, así como los niños menores de 6 años y los que visten a sus familias.

Las obras maestras de arte que hay en la ciudad son en gran parte las que le han dado su fama y han atraído a tantos millones de visitantes. Estas, sin embargo, requieren un importante mantenimiento y constante cuidado e incluso restauración. Con las grandes masas de turistas que, además, generan importantes atascos, se hace muy complejo cuidar bien de la ciudad tal y como merece. Así que, por más que las medidas parezcan muy extremas, según Dario Franceschini, «la intervención ya no podía retrasarse».

Claramente Venecia es una joya de ciudad, una que no fue diseña pensando en que por ella circularían tantas personas entusiasmadas por descubrirla y, por ello, entre todos debemos tomar la responsabilidad de cuidarla como el tesoro que es.

Imágenes | Lonely Planet y National Geographic Viajes